viernes, 16 de julio de 2010

El hombre imperfecto ante el cine 3D

Con la popularización de la tecnología 3D en las salas cinematográficas y a no mucho tardar en nuestros mismos hogares son muchos los que se preguntan qué efectos secundarios podrá tener el uso de este nuevo sistema de entretenimiento... Mareos, dolor de cabeza o visión doble serán algunos de los síntomas frecuentes que podrán presentar los aficionados a este tipo de cine tras ver una de estas películas. Sin embargo, estos problemas no se deben a un efecto perjudicial de la tecnología sino a problemas latentes que las 3D están “ayudando” a sacar a la luz: nuestra imperfección.
Primeramente hay que definir cómo funciona el ojo humano a la hora de procesar imágenes en tres dimensiones. La cualidad del ser humano encargada de esta tarea es la estereopsis.
La estereopsis se puede equiparar con la estereofonía. El ser humano tiene dos oídos y dos ojos para percibir una sensación múltiple, tridimensional en el caso de los ojos y estereofónica en el caso del sonido. Es una cualidad que tienen los mamíferos y que les permite calcular las distancia, velocidades y volúmenes.
Lo que intenta la tecnología 3D es que, con una imagen plana, se tenga una visión estereoscópica. Lo que hace es emitir dos tipos de fuentes luminosas con una pequeña discrepancia similar a la que se tendría en condiciones normales. Este efecto se puede comprobar fácilmente fijando la vista en un objeto y tapando un ojo y otro, alternativamente, observando así cómo cambia la percepción global del espacio.
Con las pantallas 3D se tiene una sensación artificial del mismo efecto. Esto se produce porque la tecnología disocia una imagen de otra y trata de que el cerebro las perciba separadas, para conseguir esto se utilizan las gafas especiales.
Lo que hacen estas gafas es discriminar qué parte de la pantalla se quiere ver de una manera y qué parte de otra, algo totalmente predecible siempre que el usuario tenga una visión estereoscópica normal. Pero esto no siempre es así.
Las personas con ambliopía, u ojo vago, tienen una agudeza visual disminuida en un ojo y por tanto han perdido la condición de estereopsis al igual que las que tienen un solo oído han perdido su capacidad estereofónica. Si su agudeza visual es muy baja, no se pueden beneficiar de los efectos de la visión en 3D.
Hay casos más graves, puedes tener una visión estereoscópica normal pero porque haces el esfuerzo diario de tenerla. Es decir, los ojos intentan compensar con la musculatura algunos pequeños defectos. Se puede estar forzando los músculos durante toda la vida para tener la visión estereoscópica que los ojos necesitan.
El núcleo de población que sufre en alguna medida esta disfunción no es precisamente pequeño, algunos estudios apuntan a que podría afectar del 4 al 10 por ciento de la población mundial. Incluso más. Es difícil de precisar porque mucha gente no es consciente de que tiene estas forias.
En un análisis optométrico completo, además de analizar el poder retroactivo del ojo –miopía, hipermetropía, astigmatismo– también se debería revisar la visión binocular y así, tener una información del estado fórico.
Una foria es lo mismo que un estrabismo, pero en este último caso los músculos del ojo no pueden hacer el esfuerzo y llevarlos a su sitio porque la desviación es superior, incluso se puede observar físicamente. En cambio la foria no, pero el esfuerzo a la hora de compensar la desviación puede desembocar en estrabismo.
El análisis de visión estereoscópica es tan importante en niños o en mayores porque si siguen forzando pueden acabar convirtiendo un problema latente en algo manifiesto, que nadie sabia que existía y se puede hacer evidente en condiciones de estrés o cansancio.
Importantes empresas del sector como Nintendo o Samsung han advertido del peligro que puede tener para los menores de 7 años, que están desarrollando todavía la visión estereoscópica, el uso de la tecnología 3D. En principio parece un poco exagerado. Si los menores están dentro de un desarrollo normal por qué no iban a poder ver imágenes en 3D. Lo bueno que tiene esta nueva moda de ver cosas en 3D es que todos podemos ser conscientes de un problema que desconocíamos y además, ponerle nombre, porque sólo detectábamos dolores de cabeza. Así, parece descartarse que el abuso pueda agravar este problema por una sencilla razón, estas personas son incapaces de aguantar delante de una película que se emita en tres dimensiones. Estas personas no pueden abusar de las 3D. Si tienes un problema de visión binocular latente, te pones las gafas y tu mundo se hace imposible, ves todo doble y el cerebro no puede admitirlo. Si el problema –foria– está corregido no tiene por que haber problema pero si la persona afectada se encuentra en el límite se hará evidente casi de inmediato. El uso de esta tecnología no debería, en principio, suponer ningún agravante aunque ahora es un buen momento para realizar los estudios pertinentes.
Si alguien no es capaz de soportar la visión de una película en 3D, donde tendrían que ir al salir del cine es a un optometrista a que le haga una refracción completa considerando la visión bonicular y cuyo tratamiento, si se detecta un problema, puede consistir en unas lentes relajantes, prismas y posturas o actividades con los ojos para fortalecer la musculatura. Es completamente tratable, con estrabismo las soluciones son mas drásticas y hay que cortar, pero con los problemas de foria hay muchas soluciones.
Finalmente, desde un punto de vista de consumo y no sanitario, una advertencia a los exhibidores que, por regla general, no advierten de que un importante núcleo de población es incapaz de disfrutar de las 3D. Es conveniente que la gente que emite 3D avise de estos posibles porque tienen una cierta responsabilidad. La advertencia no estaría de más. Ya que entregan las gafas deberían advertir que no todo el mundo puede ver en 3D, aunque no haya peligro para la salud.

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